Habilidad
Cabezas Regenerantes. La primera vez que esta carta sería derrotada, no cae: aguanta en la mesa y la carta que la atacó se va al cementerio. Una vez por partida.
El mito
Hera la crió en el fango de Lerna, junto a la laguna por donde se baja al mundo de los muertos, y la crió con un solo propósito: matar a Heracles. Era una serpiente de agua monstruosa, un cuerpo enroscado del que brotaban nueve cuellos, y ocho de sus cabezas podían morir mientras que la novena no moriría jamás. Su aliento y su sangre envenenaban el aire. Heracles la sacó de su guarida con flechas de fuego y descubrió pronto el horror: cada cabeza segada devolvía dos. Solo el fuego de Yolao cerró los muñones, y la cabeza inmortal quedó enterrada, viva y sepultada, bajo una roca del camino de Eleunte. El héroe empapó entonces sus flechas en la bilis de la bestia, y creyó que había ganado. No había ganado. Cuarenta años más tarde, aquel mismo veneno le subiría por la piel dentro de una túnica y lo llevaría a arder en la pira del Eta. La Hidra fue el único enemigo de Heracles que le sobrevivió.