Habilidad
El Ardid de Nadie. Dos lanceros de Ítaca acuden a tu mano — no salen de tu mazo, no cuentan como vida y no ocupan sitio. Si Polifemo está en la mano del rival o en la mesa, el cíclope es desterrado de la partida y los lanceros llegan agotados de la travesía (4/6); si no, desembarcan enteros (6/6).
El mito
En una isla sin leyes, donde los gigantes pastoreaban sin dioses ni asambleas, un hombre quedó sepultado tras una roca que ninguna fuerza humana podía mover. Vio devorar a seis de los suyos y no desenvainó, porque comprendió que matar al monstruo era morir con él. Entonces hizo lo que ningún héroe había hecho antes: renunció a su espada, renunció a su nombre y se llamó Nadie. Con vino puro derribó al gigante, con un tronco de olivo endurecido al fuego le apagó el único ojo, y escapó colgado del vientre de un carnero mientras el ciego, a tientas, acariciaba el vellón que lo ocultaba. Pero ya en el mar, embriagado de su propia astucia, gritó su nombre verdadero sobre las olas —y así entregó al hijo de Poseidón la única arma que le faltaba. La maldición cruzó el agua antes que él. Diez años de mar, todos sus compañeros muertos, y un regreso solitario a una casa tomada: ese fue el precio de una sola frase dicha de más.